UV-3… LA RADICIÓN ULTRAVIOLETA QUE MATA AQUELLO QUE NOS INTERESA MATAR

A pesar de que puede producirse artificialmente, la luz ultravioleta no es nada desconocido por la naturaleza. De hecho, el sol nos la envía constantemente, en tres formas, UV-A, UV-B y UV-C. Las dos primeras, cuando se reciben en exceso (exposiciones largas al sol, y más sin la debida protección) causan el envejecimiento prematuro de la piel, quemaduras y también cánceres dermatológicos. La tercera, la UV-C es aún más peligrosa, por su poder para destruir las células. Por suerte, en este caso, la atmósfera bloquea el cien por cien de estas radiaciones, de modo que no llegan hasta nosotros.

Paradójicamente, la ciencia ha dado la vuelta a estos efectos negativos de las radiaciones UV-C, aprovechando su poder aniquilador precisamente para destruir aquello que nos interesa destruir. SI bien su uso más reciente aparece en los populares aparatos purificadores de aire para descontaminar de gérmenes y partículas perjudiciales los ambientes cerrados, cabe señalar que se usa también desde hace años para desinfectar material médico y quirúrgico, en la industria alimentaria y también para la desinfección del agua potable, donde su eficacia supera a la del cloro. Incluso, en la reciente crisis del ébola, llegó a usarse un robot equipado con rayos UV-C para descontaminar de una forma eficaz las habitaciones de pacientes fallecidos sin exponer al personal sanitario al contagio.

Pero, ¿qué hace exactamente esta radiación?

Sencillamente, destruye las células de los microorganismos atacando a sus ácidos nucleicos y fragmentando su ADN. Después de su exposición a la luz UV-C las células ya no pueden realizar sus funciones vitales ni reproducirse mediante el proceso de división celular y se precipitan a la apoptosis. Se trata del único sistema desinfectante conocido sin el uso de sustancias químicas ni procedimientos térmicos de alta intensidad.

Dado este poder destructor, la tecnología PCO o fotocatalítica, mediante catálisis y luz UV-C es también una de las más efectiva para eliminar microorganismos y gases (COVs) en suspensión. La eficacia de estos purificadores de aire es también casi del 100%. La única limitación es que sólo actúan sobre los organismos que flotan en el aire, y no pueden “aspirar” los que ya se han depositado sobre el suelo y otras superficies sólidas, pero se trata del único sistema que no se limita a retener o filtrar las partículas (como hacen otro tipo de purificadores basados en filtros) sino que las destruye de forma definitiva.